Ocho años transformando libros en comunidad
Paula Herrera pasó de imaginar un futuro entre las páginas de los libros a construir un proyecto propio que hoy reúne lectores, artistas y distintas expresiones culturales. Lo que comenzó con un pequeño catálogo virtual de literatura infantil se convirtió en Una Tribu Librería y Arte, un espacio que busca que cada persona se sienta parte de algo más que una simple compra.
Una vocación que encontró su propio camino
Cuando era niña, Paula Herrera era de esas estudiantes que preferían pasar los recreos en la biblioteca antes que en el patio. Los libros ocupaban un lugar especial en su vida y, durante un tiempo, estudiar Literatura parecía el camino natural para ella. Sin embargo, llegó la pregunta que tantas veces acompaña a las decisiones profesionales: ¿de qué iba a vivir?
Terminó estudiando Comunicaciones y, con el tiempo, se especializó en Comunicación para el Desarrollo. También exploró otros campos, como la fotografía, el diseño gráfico y la docencia. Su recorrido profesional tomó distintas direcciones, pero su vínculo con los libros permaneció ahí, esperando una nueva oportunidad.
Esa oportunidad comenzó a tomar forma cuando su hija tenía tres años. Paula puso en marcha Pequeña Tribu, un emprendimiento dedicado a crear pequeñas carpas para niños. Aunque el proyecto le permitió dar sus primeros pasos como emprendedora, la confección demandaba mucho tiempo y no era precisamente el oficio que mejor dominaba.
Fue entonces cuando los libros ilustrados volvieron a cruzarse en su camino
A través de talleres vinculados con este tipo de publicaciones, Paula reconectó con una afición que había estado presente desde su infancia. Descubrió que podía convertir ese interés en algo propio y decidió empezar con un pequeño catálogo de literatura infantil, especialmente de libros ilustrados.
Así nació la primera versión de Una Tribu: un proyecto que comenzó a moverse en Instagram, con ventas virtuales y una propuesta todavía pequeña, pero con una identidad que empezaba a definirse.
De un catálogo infantil a una librería para todos
La pandemia cambió el ritmo de muchas actividades y también el de Paula. La docencia y la fotografía se detuvieron, por lo que empezó a dedicarle más tiempo a su emprendimiento editorial. Poco a poco, el catálogo creció y dejó de estar dirigido exclusivamente a los lectores más pequeños.
Con el tiempo, la propuesta incorporó poesía, ensayo, narrativa y literatura escrita por mujeres, entre otras publicaciones. Una selección que refleja tanto sus intereses personales como la diversidad de lectores que se fueron acercando al proyecto.
El cambio también alcanzó al nombre. Pequeña Tribu ya no representaba del todo lo que estaba construyendo, pues la palabra «pequeña» podía dar la impresión de que se trataba únicamente de un espacio para niños.
La idea de tribu, en cambio, permitía abarcar algo más amplio: una comunidad que comparte intereses, descubre nuevas lecturas y encuentra afinidades alrededor de los libros.
Hoy, Una Tribu Librería y Arte conserva esa mezcla de gustos y curiosidades que Paula ha ido incorporando a lo largo de los años. No responde a una sola categoría ni pretende dirigirse a un único tipo de lector. Su catálogo se ha convertido en una expresión de ese recorrido personal que comenzó con los libros ilustrados y fue abriéndose a otras voces, géneros e historias.
Ocho años de dudas, cambios y persistencia
Construir una librería independiente no ha sido un camino lineal. En estos ocho años, Paula ha pasado por distintos espacios, desde ambientes pequeños hasta un formato de showroom a puertas cerradas, en el que buena parte de las ventas dependía de las redes sociales y del contacto con quienes ya conocían el proyecto.
Sostener un negocio en esas condiciones implicaba buscar constantemente nuevas formas de generar ingresos. Además de la librería, Paula recurrió a trabajos de fotografía y diseño para complementar su actividad y continuar adelante.
Hubo momentos en los que se preguntó si realmente valía la pena seguir. La incertidumbre económica y la dificultad de mantener un proyecto propio hicieron que, en más de una ocasión, pensara en abandonar.
Sin embargo, algo la ayudaba a continuar: las personas que se habían acercado a Una Tribu y que, con el tiempo, dejaron de ser únicamente clientes.
Para Paula, una parte importante del proyecto siempre ha sido el trato personal. Algunas de las personas que frecuentan la librería se han convertido en conocidas cercanas e incluso amigas. Con ellas ha compartido conversaciones, experiencias y detalles de sus vidas que difícilmente cabrían en una transacción comercial.
Ese vínculo fue una de las razones para persistir y también una pista sobre el tipo de espacio que quería construir.
El reto ya no consistía solamente en vender libros, sino en encontrar una manera de conectar con las personas y ofrecerles una experiencia que fuera más allá de llevarse una publicación a casa.
Una librería que también quiere ser punto de encuentro
El siguiente paso llegó con la posibilidad de abrir las puertas a un público más amplio. Después de años de funcionamiento principalmente virtual y mediante un showroom, Una Tribu encontró un espacio dentro de Sochicali, una casa café cultural ubicada en Miraflores.
El cambio no solo facilita que nuevas personas descubran la librería, sino que también abre la posibilidad de compartir actividades con otros proyectos culturales y creativos.
En este entorno se organizan micrófonos abiertos, proyecciones de películas y cortometrajes, presentaciones de libros, conversatorios, charlas, conciertos y cuentacuentos. Son actividades que amplían la relación con los lectores y permiten que distintas expresiones artísticas coincidan en un mismo lugar.
La propuesta se construye, además, junto a otros emprendimientos que forman parte de este ecosistema cultural. Entre ellos están Pompei Store, que reúne las prendas de Alonso Núñez, conocido como Iluso, artista escénico y diseñador de vestuario para danza y teatro; las creaciones artísticas de Alma Libre y las joyas de Miami.
Así, la librería convive con iniciativas que comparten un interés por la creación y la cultura. El resultado es un espacio donde los libros no son el único punto de partida: también lo son las conversaciones, el arte y la posibilidad de conocer otros proyectos.
Aprender a equivocarse sin abandonar el camino
Tener un emprendimiento propio también ha significado aprender sobre la marcha. La apertura al público representa una nueva etapa para Paula, pero no necesariamente una en la que todas las respuestas estén resueltas.
Si algo le han enseñado estos años es que el aprendizaje no termina y que los errores forman parte de cualquier proyecto que se construye mientras avanza.
Uno de los aprendizajes que destaca es la importancia de ser más compasiva consigo misma cuando las cosas no salen como esperaba. Reconocer que puede equivocarse, aceptar esas experiencias y continuar sin convertir cada tropiezo en una razón para rendirse se ha vuelto parte de su manera de entender el emprendimiento.
No se trata de tener siempre un plan perfecto, sino de aprender a convivir con la incertidumbre sin perder de vista aquello que dio origen al proyecto.
En una historia que ha pasado por cambios de nombre, formatos de venta, mudanzas y momentos de duda, esa capacidad de adaptarse parece tan importante como el catálogo que ha logrado construir.
El futuro: crecer sin perder la esencia
Cuando Paula imagina cómo le gustaría ver a Una Tribu dentro de cinco años, piensa en llegar a más personas, compartir el espacio con nuevos proyectos y ampliar la comunidad que se ha formado alrededor de la librería.
Pero hay algo que considera incluso más importante que el crecimiento: conservar la esencia con la que comenzó.
«Lo que busco es que cada persona que viene al espacio de alguna manera se sienta vista», explica al recordar qué quería transmitir desde los primeros días del proyecto.
La frase resume una idea que atraviesa su historia. Una Tribu no busca que quienes se acerquen sean únicamente compradores, sino personas que encuentren un lugar donde puedan sentirse acogidas, descubrir nuevas lecturas y establecer conexiones.
Paula no sabe exactamente qué forma tendrá el emprendimiento dentro de cinco años ni cuánto habrá crecido para entonces. Lo que sí espera es que esa manera de relacionarse con las personas permanezca, independientemente de los cambios que puedan venir.
Quizá ahí se encuentre el hilo que une a la niña que pasaba sus recreos en la biblioteca con la emprendedora que hoy abre las puertas de su librería: no haber dejado atrás su relación con los libros, sino haber encontrado una forma distinta de compartirla.
¿Dónde encontrar Una Tribu Librería y Arte?
El proyecto se encuentra dentro de Xochi Kali Café Cultural, casa café cultural, en la calle Bellavista 566, Miraflores. También puedes conocer sus novedades y actividades a través de sus redes sociales en Instagram, Facebook y TikTok, bajo el nombre Una Tribu Librería y Arte.
Redes sociales de Una Tribu Librería y Arte:
https://www.instagram.com/unatribulibreriayarte/
https://www.tiktok.com/@unatribulibreriayarte/
https://www.facebook.com/unatribulibreriayarte/




