Por: Rafael Rodríguez Campos
El domingo 25 de octubre 158.7 millones de brasileños debían concurrir a las urnas para elegir a quien será su nuevo presidente de la República para el periodo constitucional 2027 – 2031. Así, esta segunda vuelta se disputó entre Flavio Bolsonaro, candidato de la ultraderecha, quien había alcanzado el 47.03% de las preferencias; y el actual presidente Lula Da Silva, líder de la izquierda brasileña, quien obtuvo el 45,16% de los votos en la primera vuelta. Cabe precisar que en esta primera ronda los otros candidatos más votados fueron Augusto Cury (2,89%), Renan Ferreira (2,24%) y Ronald Ramos (2,18%). A eso hay que sumarle que en la primera vuelta el índice de participación fue de 79%.
Los resultados
Al respecto, el Tribunal Superior Electoral anunció los resultados al 100% proclamando al presidente Lula como el ganador del balotaje. Lula obtuvo el 51,79% de los votos frente al 48,21% alcanzado por Bolsonaro. En términos numéricos Lula logró sumar 4,430,191 votos más que Bolsonaro. Eso quiere decir que, entre la primera y segunda vuelta, el Lula mejoró su performance electoral en casi 7% mientras que Bolsonaro apenas logró un avance de 1%.
Al parecer, y a pesar de que dos de los tres candidatos que alcanzaron las más altas votaciones indicaron que votarían por el candidato opositor (porque el tercero guardó silencio), sus respectivos votantes decidieron respaldar un cuarto mandato presidencial para Lula, debiendo precisar que en este balotaje el índice de participación fue de 81%.
El mapa electoral brasileño
Sobre lo expuesto, si uno revisa el comportamiento electoral de los 27 estados brasileños podrá constatar lo pareja que fue esta contienda electoral. Es más, confirma la alta polarización política que trajo consigo este balotaje. A continuación, mostraremos los estados en los que se impuso Lula y Bolsonaro, respectivamente:
LOS 27 ESTADOS DE BRASIL
| LULA | BOLSONARO |
| ACRE | |
| ALAGOAS | DISTRITO FEDERAL |
| AMAPA | ESPIRITO SANTO |
| AMAZONAS | GOIAS |
| BAHIA | MATO GROSSO |
| CEARA | MATO GROSSO DO SUL |
| MARANHAO | PARANA |
| MINAS GERAIS | RIO DE JANEIRO |
| PARA | RIO GRANDE DO SUL |
| PARAIBA | RONDONIA |
| PERNAMBUCO | RORAIMA |
| PIAUI | SANTA CATARINA |
| RIO GRANDE DO NORTE | SAO PAULO |
| SERGIPE | TOCANTINS |
Fuente: Tribunal Superior Electoral (26OCT2026)
Elaborado: Rafael Rodríguez Campos
Si bien Bolsonaro logró la victoria en 14 de los 27 estados (uno más que Lula), lo cierto es que el presidente ratificó su gran peso electoral en el noreste brasileño compuesto por estados con grandes bolsones de votos: 1) Bahía; 2) Ceará; 3) Maranhao; 4) Paraíba; 5) Pernambuco; y 6) Piauí, entre otros estados en los que alcanzó una importante votación. Es así como la victoria categórica en los referidos estados le permitió equilibrar la balanza y contrarrestar el triunfo que Bolsonaro obtuvo tanto en Sao Paulo como en Río de Janeiro, por ejemplo.
La victoria de Lula
Ahora bien, lo cierto es que la victoria de Lula en este balotaje trae consigo una serie de hitos históricos que considero necesario resaltar:
- Lula es el único político brasileño en ser elegido presidente de la República cuatro veces.
- Lula es el único político brasileño en ganar dos reelecciones no consecutivas 2002-2006 y 2022-2026.
- Lula es el único candidato (desde 1988) en ganar un balotaje habiendo quedado segundo en la primera vuelta.
- Lula es el único candidato en ganar 4 balotajes (2002, 2006, 2022 y 2026).
- Lula es el único candidato que ha derrotado a un padre (Jair Bolsonaro en 2022) e hijo (Flavio Bolsonaro en 2026) de manera consecutiva en una competencia por la presidencia de la República.
- Lula en este balotaje batió su récord electoral y alcanzó más de 64 millones de votos.
LOS BALOTAJES DE LULA
| 2002 | LULA (61,27%) | JOSÉ SERRA (38,72%) |
| 2006 | LULA (60,83%) | GERALDO ALCKMIN (39,17%) |
| 2022 | LULA (50,90%) | JAIR BOLSONARO (49,10%) |
| 2026 | LULA (51,79%) | FLAVIO BOLSONARO (48,21%) |
Fuente: Tribunal Superior Electoral de Brasil (26OCT2026)
Elaborado: Rafael Rodríguez Campos
Las razones de la victoria de Lula
Una victoria (con remontada) como la que acaba de lograr Lula responde a una serie de factores que pueden explicar el resultado. De hecho, diversos analistas vienen ensayando diferentes explicaciones. Ahora, contra todo pronóstico (7 de cada 10 encuestas daban por ganador a Bolsonaro), buscan respuestas a la pregunta que muchos latinoamericanos nos hacemos: ¿Por qué ganó Lula?
Con cargo a volver sobre esta interrogante más adelante, me animo a ensayar una primera explicación centrando mi análisis en 4 ejes temáticos:
1. La ventaja de quien gobierna
La literatura especializada en América Latina indica que un presidente/candidato tiene muchas ventajas frente a los demás competidores. Esa ventaja se hizo sentir en esta segunda vuelta. Más allá de la opinión que tengamos sobre Lula lo cierto es que el presidente utilizó todas las ventajas que podía ejercer desde su cargo.
Primero, Lula logró que el Senado aprobara antes de la segunda vuelta la reducción de la jornada laboral de 6 a 5 días, o de 44 horas a 40 por semana. Segundo, dispuso ampliar los programas de alivio a las familias endeudadas. Tercero, aumentó los subsidios a combustibles para hacerle frente al alza del precio del petróleo ocasionada por los conflictos bélicos internacionales. Cuarto, aumentó y adelantó los pagos del programa Bolsa Familia, logrando que más de 19 millones de familias de escasos recursos recibieran esos beneficios antes del balotaje. Sin embargo, lo cierto es que dichas medidas han sido percibidas por un importante sector de empresarios y economistas como una apuesta populista e irresponsable desde el punto de vista presupuestal y fiscal.
2. La experiencia del zorro en los debates
Ni Lula ni Bolsonaro habían aceptado debatir directamente durante la primera vuelta. Sin embargo, de cara al balotaje era imposible eludir esta confrontación. Eso lo sabía Lula y se preparó para ello. Es como si hubiera estado esperando estos espacios para ganar en dos campos: 1) Mostrarse como un auténtico hombre de Estado capaz de reconciliar a Brasil; y 2) Dejar su sello a nivel personal pues sabía que la única manera de movilizar a los electores (incluso a los que no votaron en primera vuelta) era a través de la emoción. Y así ocurrió, pues Lula capitalizó los tres momentos cruciales de los debates.
Primero, Lula aprovechó las ofensas de Bolsonaro quien lo llamó despectivamente “nueve dedos”, para hacerle recordar a los brasileños que él perdió el dedo meñique en un accidente de trabajo. Les habló a los trabajadores diciéndoles que “él sí sabía lo que era ser víctima de un accidente de trabajo por descuido del patrón”, y que eso marcaba una diferencia notable con Bolsonaro “quien nunca había trabajado en otra cosa que no sea ser empleado de su papá”. Segundo, recordó el asesinato de Ana Clara, una niña de 5 años que recibió un disparo cuando la policía militar realizada una operación en un barrio de Río de Janeiro, para hacerle saber a la gente que Bolsonaro había sido el abogado defensor del policía militar acusado de cometer dicho crimen. Tercero, le recordó a todo Brasil que el padre de Bolsonaro está preso por golpista y por organizar y dirigir un complot autoritario en contra de la democracia brasileña.
3. La movilización juvenil y las redes sociales
La izquierda no había ocupado las calles de Brasil en la primera vuelta (salvo algunos mítines de campaña). Asimismo, en el equipo de campaña de Lula se dieron cuenta que la presencia en las redes sociales había sido su talón de Aquiles en la primera parte de la carrera presidencial.
Frente a ello, Lula y su equipo de asesores decidieron “llenar las calles, playas y plazas” de las más importantes ciudades de Brasil. Esa movilización y el contacto físico con la gente, apuntando siempre a quienes no habían votado por él en la primera vuelta, terminó superando la campaña de quien llegaba como favorito al balotaje. Luego, aceptó que André Janones, diputado de izquierda, promoviera un cambio digital en la campaña. Así, el canal de WhatsApp denominado “Ejército de Lula”, pasó de 50 mil personas en la primera vuelta a contar con más de 10 millones en la última semana del balotaje. Todos estos cambios permitieron que Lula también supere a Bolsonaro en el índice de popularidad digital medido por la encuestadora Quaest, dedicada al análisis del comportamiento electoral en las redes sociales.
4. El catolicismo y el nacionalismo
Bolsonaro (padre), primero, y ahora, Bolsonaro (hijo), buscaron movilizar el voto evangélico en su carrera presidencial. Ambos, lo lograron. Sin embargo, no tuvieron en cuenta que en muchos estados había sacerdotes, párrocos, y laicos que en esta oportunidad saldrían a pedir votar por Lula quien en 2006 había declarado que su militancia de izquierda jamás lo hizo abandonar su profunda fe en la Iglesia Católica.
Del mismo modo, ahora sabemos que para muchos brasileños en esta elección estaba en juego algo más que la victoria de Lula y/o Bolsonaro. Para un importante sector de brasileños -sobre todo después de que Bolsonaro recibiera el apoyo explícito de Donald Trump, y otros líderes de derecha regionales como los presidentes Javier Milei (Argentina) o Nayib Bukele (El Salvador)- en esta segunda vuelta se debía defender la soberanía nacional frente al avance de las derechas sudamericanas alineadas con los intereses de la Casa Blanca.
Apuntes finales
Ahora bien, a pesar de los más de 4 millones de votos que le sacó de ventaja Lula, el ultraderechista Flavio Bolsonaro anunció que no reconocerá el resultado y pedirá la anulación de las elecciones. Sobre este punto, considero necesario compartir lo que Farid Kahhat, profesor de relaciones internacionales, ha dicho: “Desde 2020 ningún candidato presidencial de derecha radical ha aceptado su derrota en una elección en este hemisferio. Ni Donald Trump en 2020, ni Keiko Fujimori en 2021, ni Jair Bolsonaro en 2022, ni Antonio Cubas en 2023 y Rafael López Aliaga en 2026 lo hicieron. Incluso reclamaron fraude en su contra en elecciones en las que quedaron terceros. Trump clamó fraude hasta en las elecciones que ganó en 2016 (porque ganó la presidencia por el sistema del Colegio Electoral, pero no ganó el voto popular) y Milei también alegó fraude en su contra en las primarias que ganó en Argentina en 2023. Todo ello pese a que, en ninguno de esos casos, las misiones independientes de observación electoral encontraron indicio alguno de fraude. Así que no debe llamar la atención que Flavio Bolsonaro haya pedido la anulación de las elecciones de este domingo en Brasil”.
Por último, y como lo adelantamos en una columna anterior, esta segunda vuelta en Brasil podría terminar confirmando una regla electoral que se viene consolidando en América Latina: “De las 43 últimas elecciones presidenciales (periodo 2015 – 2026) en 33 ganó la oposición (77%) y en tan solo 10 ganó el partido oficialista (23%)”. La historia dirá que en 2026 Lula quebró esa regla pues el oficialista Partido de los Trabajadores logró mantenerse en el gobierno, y también quedará escrito que Lula quebró la racha de 7 elecciones presidenciales consecutivas en las que ganó la derecha en Latinoamérica.




