La reciente captura de Nicolás Maduro en enero de 2026 marca de forma simbólica el fin de un ciclo tras más de dos décadas en Venezuela. Años donde el chavismo consolidó su influencia en la región a través del petróleo. Sin embargo, lejos de significar el inicio de una transición democrática, este evento dio lugar a un proceso de reorganización de poder bajo un autoritarismo funcional. Dado que Estados Unidos procura asegurar el control estratégico del petróleo y la estabilidad del país a través de Delcy Rodríguez como interlocutora confiable, resulta importante analizar los factores internos y externos que explican el escenario actual. En tal sentido, se examinarán algunas de las fracturas internas del chavismo que facilitaron la intervención, la estrategia estadounidense centrada en estabilidad energética y las implicaciones regionales de este cambio, en especial para Cuba. Asimismo, los posibles escenarios que podrían desarrollarse a partir de este nuevo equilibrio de poder.
El agotamiento del madurismo
Maduro asumió la presidencia en 2013 tras la muerte de Hugo Chávez, heredando un modelo político y económico fracturado desde años anteriores. Durante trece años, su gobierno se mantuvo principalmente por el control de los aparatos coercitivos, en lugar de legitimidad democrática. A lo largo de este período el país enfrentó diversas crisis internas, pero especialmente en el aspecto económico, la producción petrolera cayó de más de tres millones a unos 700.000 barriles diarios, aproximadamente siete millones de venezolanos emigraron y la economía se contrajo más de 70% (Alvarez et al., 2022). Aunque las sanciones internacionales aislaron al gobierno dictatorial, no lograron derribarlo; en cambio, los desacuerdos internos dentro del propio chavismo resultaron determinantes para su caída.
Fracturas dentro del chavismo y la elección de Delcy Rodríguez
El chavismo nunca fue un bloque uniforme. Funcionó como una alianza de intereses que incluyó mandos militares, dirigentes civiles, empresarios vinculados al Estado y operadores de inteligencia. Maduro fue entonces durante años un factor que mantuvo la unión del partido, pero su pérdida de legitimidad lo convirtió progresivamente en un pasivo político. Las elecciones presidenciales de 2024 incrementaron estas divisiones, en tanto la oposición ganó de manera clara según recuentos comprobados de máquinas de votación expuestos por María Corina Machado. La respuesta del régimen fue una represión masiva, con cientos de detenciones arbitrarias, incluida la de Juan Pablo Guanipa, exdiputado y excandidato presidencial que apoyó a María Corina Machado (BBC, 2025). Esta vez, la represión no logró restaurar el liderazgo interno, y sectores del régimen comenzaron a reconsiderar su participación.
En este contexto, Delcy Rodríguez surgió como una figura central. Dada su formación académica en Europa, dominio del inglés y francés, y capacidad de comunicación, fue elegida por Estados Unidos para dirigir las negociaciones con Venezuela de manera momentánea.
Como vicepresidenta y ministra de Petróleo desde 2024, controlaba el activo más importante del país. Ibéyise Pacheco, en su obra Los Hermanos Siniestros, documenta que Hugo Chávez desconfiaba plenamente de Delcy Rodríguez, la describía sin mucho aprecio dados los altercados que tuvieron en un vuelo de regreso de Moscú a Caracas. Esto permite tener noción de que Rodríguez nunca formó parte del círculo íntimo del chavismo inicial, permitiéndole actuar con mayor independencia para facilitar la caída de Maduro.
Hay quiénes dicen que Rodríguez podría haber presionado internamente a Maduro para que renunciara, y ante su negativa, facilitó información a la inteligencia estadounidense para su captura.
Los vínculos previos con Washington
En tanto ella se desempeñaba como canciller venezolana en 2017, promovió una iniciativa que la colocó en contacto con algunos círculos políticos y empresariales de Estados Unidos. Ordenó a Citgo Petroleum, filial estadounidense de la petrolera estatal venezolana PDVSA, a aportar 500.000 dólares al comité de investidura de Donald Trump en la inauguración presidencial de enero de ese año, un evento inusual teniendo en cuenta las relaciones entre Caracas y Washington (Goodman, 2026). A ello se suman los contactos políticos previos entre representantes del chavismo y emisarios estadounidenses como Richard Grennel, enviado especial de la administración de Trump para temas de Venezuela, y que además era gran amigo del hermano cuatro años mayor de Delcy, Jorge Rodríguez (Quesada, 2026).
El presidente Trump optó por respaldarla como presidenta encargada por razones estratégicas claras. En primer lugar, colocar directamente a Edmundo González y a María Corina Machado habría implicado un alto riesgo de resistencia armada de los militares chavistas, que podría haber derivado luego en secuestros u otras formas de violencia dirigidas contra la nueva administración política. Además Donald Trump indicó públicamente en una conferencia de prensa que Machado “no cuenta con el apoyo ni el respeto dentro de Venezuela” para liderar el país en ese momento, lo cual obligaría a Estados Unidos a colocar una fuerte presencia militar en el país para garantizar una transición segura a la democracia.
Ello se explica también por las experiencias anteriores con la oposición, cuando Juan Guaidó se autoproclamó presidente y recibió apoyo externo en 2019, no logró movilizar los aparatos coercitivos del Estado ni a las fuerzas armadas para lograr el derrocamiento de Maduro. Dejó así en evidencia la limitada capacidad de la oposición para convertir reconocimiento internacional en un verdadero control político nacional.
Su primer mandato como presidenta interina fue destituir al mayor general Javier Marcano Tábata, jefe de la Guardia de Honor Presidencial, y reemplazarlo con el general Gustavo González López, exdirector del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional y figura absoluta de confianza. Otro hecho relevante fue la recuperación del buque petrolero Olina, que habría partido sin autorización transportando petróleo crudo vinculado al empresario Alex Saab. Delcy Rodríguez solicitó apoyo militar estadounidense a través de Marco Rubio para recuperarlo, siendo esta la primera cooperación militar conocida entre ambos países desde la intervención (ABC Internacional, 2026).
Trump, el petróleo y la prioridad estratégica
Ningún análisis sobre Venezuela estaría completo sin hablar sobre el petróleo. El regreso de Trump retomó el interés sobre este, y lo colocó en la agenda como un objetivo central. A días de la captura de Maduro, el presidente de Estados Unidos declaró que las autoridades provisionales venezolanas entregarán entre 30 y 50 millones de barriles de petróleo de excelente calidad a Washington (González, 2026). Una flota de al menos once navíos fletados por Chevron se dirigió a los puertos de Venezuela bajo la autorización del Departamento del Tesoro.
Teniendo en cuenta que Venezuela posee 303 221 millones de barriles certificados, siendo las mayores reservas del mundo, estas se convierten en un activo geopolítico muy importante en un contexto de alta demanda y conflictos internacionales. Donald Trump confirmó que Estados Unidos supervisa los ingresos de estos cargamentos, evidenciando que el control energético prevalece sobre asuntos democráticos.
Ahora bien, esta estrategia debe ser entendida desde una perspectiva global, puesto que, aunque durante muchos años Venezuela destinó la mayor parte de su petróleo a China, ese suministro representaba apenas un 5% del total de sus importaciones de petróleo crudo. Esto permite entender que, China no tenía incentivos económicos suficientes para confrontar a Estados Unidos por el control de los hidrocarburos venezolanos. Sin embargo, esta intervención también afecta a otros actores, entre ellos, Cuba. Durante décadas Cuba dependió del petróleo crudo venezolano subsidiado, recibiendo decenas de miles de barriles diarios durante y después del gobierno de Chávez. Al perder ahora ese apoyo, los apagones podrían agravarse en el país y aumentaría la escasez en sectores que dependen de este recurso.
El interés de Estados Unidos no se reduce únicamente a la apropiación de los recursos naturales venezolanos como simple botín económico. Más bien, responde a la necesidad de controlar la producción, el destino y los ingresos del petróleo, limitar la influencia de actores externos y garantizar estabilidad energética en un contexto internacional marcado por alta demanda y conflictos. De esta forma, Estados Unidos evita que la renta petrolera continúe financiando un régimen autoritario, reorganizando su venta hacia mercados internacionales bajo supervisión externa.
Escenarios futuros
La transición venezolana es altamente controlada como se ha podido ver en las secciones anteriores, priorizando estabilidad, control energético y gobernabilidad. Delcy Rodríguez actúa como interlocutora funcional, aunque cuestionada tanto interna como internacionalmente.
Tres escenarios son posibles sobre el futuro de Venezuela. Primero, una transición negociada con reformas limitadas, en la que Delcy Rodríguez coordina con sectores de la oposición para implementar cambios graduales que legitimen su gobierno ante la comunidad internacional, manteniendo el control sobre las fuerzas armadas y PDVSA. Este escenario requeriría de acuerdos mutuos y podría incluir elecciones con condiciones controladas.
Segundo, continuidad autoritaria con ajustes, donde Donald Trump asegura acceso al petróleo, Rodríguez consolida poder mediante purgas selectivas y la oposición mantiene legitimidad internacional sin control real del Estado. Este es el escenario más probable dado el patrón de comportamiento observado hasta ahora.
Tercero, fragmentación institucional si las tensiones internas escalan entre facciones chavistas o si la oposición logra movilizar protestas masivas. En este caso, el país podría entrar en un período de inestabilidad donde ningún actor controla completamente el aparato estatal, obligando a una nueva intervención externa.
Finalmente, Venezuela no ha iniciado aún un proceso democrático. El país ha entrado en un autoritarismo funcional temporal respaldado por Estados Unidos, una estrategia que evitó la violencia que habría resultado de imponer un gobierno opositor sin control sobre las fuerzas armadas. Washington logró derrocar al régimen de Maduro, cortar el financiamiento al régimen cubano y asegurar el petróleo venezolano sin desencadenar una guerra civil. Venezuela, en el corto plazo, debe retornar a una democracia y transferir el poder a los legítimos ganadores de 2024, María Corina Machado y Edmundo González Urrutia.
Referencias
- Alvarez, J., Arena, M., Brousseau, A., Faruqee, H., Fernandez-Corugedo, E., Guajardo, J., Peraza, G., & Yépez Albornoz, J. (2022). Regional spillovers from the Venezuelan crisis: Migration flows and their impact on Latin America and the Caribbean (DP/2022/019). International Monetary Fund. https://doi.org/10.5089/9798400224478.087
- BBC. (2025, 23 mayo). Detienen en Venezuela al opositor Juan Pablo Guanipa, estrecho colaborador de María Corina Machado, a dos días de las elecciones legislativas y regionales. BBC News Mundo. https://www.bbc.com/mundo/articles/c0j79wj349eo
- Goodman, J. (2025). Cómo Delcy Rodríguez cortejó a Donald Trump y llegó al poder en Venezuela. ABC News. https://abcnews.go.com/Business/wireStory/delcy-rodrguez-courted-donald-trump-rose-power-venezuela-128961510
- Quesada, J. (2026). La extraña amistad que marca la Venezuela sin Maduro. El País. https://elpais.com/america/2026-01-08/la-extrana-amistad-que-marca-la-venezuela-sin-maduro.html
- ABC Internacional. (2026). Venezuela anuncia el retorno a sus aguas de un petrolero en una operación conjunta con EE.UU. https://www.abc.es/internacional/venezuela-anuncia-retorno-aguas-petroleo-operacion-conjunta-20260110071422-nt.html
- González, J. (2026). Trump asegura que Venezuela le entregará hasta 50 millones de barriles de petróleo. El País. https://elpais.com/internacional/2026-01-07/trump-asegura-que-venezuela-le-entregara-hasta-50-millones-de-barriles-de-petroleo.html
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