Día del Charango Peruano: cuerdas que guardan memoria

Maria Ximena Zuzunaga Guardia
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Día del Charango Peruano: cuerdas que guardan memoria

En el día del onomástico de Jaime Guardia Neyra, recordemos que cada melodía que brota de un charango trae consigo el legado de su máximo representante.

Subo al escenario a escondidas, me coloco en una esquina al lado de los cables de repuesto. Él se sienta y una luz blanca lo alumbra: «Distinguida concurrencia…», inicia. Todas sus presentaciones empiezan con las mismas dos palabras. Una vez termina su saludo al público, un par de acordes empiezan a brotar de su charango, no importa cuantas veces lo observes, siempre te preguntas: ¿Cómo unas manos tan grandes pueden tocar un instrumento tan pequeño?

Ese misterio jamás se resolvió, simplemente era Jaime Guardia, el maestro del charango, quien cautivó con sus melodías paucinas al amauta José María Arguedas y dominó hasta el público japonés. El país del sol naciente solo quería escuchar una y otra vez Maskamuyki, un yaraví en quechua. No es necesario entender la letra, la forma en que Guardia lo cantaba era suficiente para sentir la tristeza de la canción.

De esa manera recorrió el mundo, con su charango en mano, su “fiel compañero”, como lo llamaba. Dedicó su vida al arte, a la música andina, en especial difundió los cantos de su pueblo, la villa de Pauza. Hoy queda demostrada la importancia de su labor artística en el folklore peruano, hoy se celebra por primera vez el “Día del charango peruano”, hoy 10 de febrero, fecha en que nació Jaime Guillermo Guardia Neyra, hace 93 años.

El 1 de abril de 2025 se publicó la Ley N° 32277 – Ley que declara el Día del charango peruano el 10 de febrero de cada año”. Aunque para algunos periodistas esta promulgación resultó trivial por la coyuntura política del país, como si el Perú no estuviera en constante turbulencia hace una década, lo cierto es que se reconocía por primera vez la importancia de un instrumento, cuyo estilo había permanecido mucho tiempo bajo las sombras. 

Con más de 70 años de vida artística, recordar cada pasaje que lo llevó a convertirse en el más grande exponente del charango sería una tarea sin fin. Sin embargo, siempre es importante dar un vistazo a cómo empezó en la música y por qué el charango.

Como las mejores historias, su encuentro con el instrumento fue casualidad. Su primer charango fue un obsequio, era uno rústico que vendían en las ferias itinerantes con apenas cinco trastes y cuerdas de tripa. Guardia aprendió a tocar de manera autodidacta, observando a los músicos de su pueblo y ensayando a escondidas en la chacra mientras pastaba a sus animales, la familia no quería que se dedique a la música porque “se iba a perder”, decían. 

A finales de los años 40 llegó a Lima, siempre con charango en mano. En medio de una capital hosca con los provincianos, su instrumento fue el medio para canalizar sus sentimientos, recordar su tierra y domar al público, que se mostraba reacio a los encantos de la música andina.

Con tan solo 19 años, en 1952, Guardia se integra a la Lira Paucina, conjunto musical conformado por Jacinto Pebe y Luis Nakayama, con quienes viajó por el mundo durante 50 años difundiendo nuestra música y representando al Perú. En 1970, participaron en el Certamen mundial de conjuntos musicales folklóricos, organizado por la municipalidad de Río de Janeiro en Brasil. En el concurso participaron más de 100 conjuntos de diversos países, obteniendo el segundo lugar, después de Israel, junto a la COPA 70 que se exhibe en la Casa de la Cultura de Lima.

El nombre Jaime Guardia empezaba a resonar en los coliseos, aquellas reuniones donde se juntaban los migrantes para recordar su tierra, la que tuvieron que abandonar en busca de una mejor vida. Al finalizar una de sus presentaciones, se le acercó un “señor blanco de bigote”, emocionado por la calidad interpretativa de Guardia, le pidió que conservara ese estilo, el de su pueblo, y que no hiciera caso a los pedidos de los productores de volverla “comercial”. Este personaje, que sirvió de guía a nuestro charanguista, fue José María Arguedas, antropólogo y literato peruano con quien mantuvo una amistad que quedó plasmada en la dedicatoria que le hace el amauta en su obra Todas las sangres:

“A Jaime Guardia de la villa de Pauza, en quien la música del Perú está encarnada cual fuego y llanto sin límites”. (1964)

Al disolverse el conjunto ante el fallecimiento de sus integrantes, Guardia consolidó su carrera de solista. También trabajó como investigador del folklore peruano junto al Dr. Josafat Roel Pineda, tuvo su programa de radio, fue profesor y director de la Escuela Nacional del Folklore José María Arguedas, hoy universidad. Sin embargo, en cada rubro siempre mantuvo el mismo objetivo, difundir la música del Perú, por ellos los reconocimientos, por instituciones privadas y estatales, continuaron llegando, siendo algunas las Palmas Artísticas en el grado de Maestro (1988), la Orden al Mérito (2006) y uno de los últimos, su nombramiento como Doctor Honoris Causa por la Universidad San Cristóbal de Huamanga (2015).

A pesar de los nuevos estilos musicales, Guardia siempre procuró mantener la autenticidad de la música, tal cual la aprendió en su pueblo. Con afinación propia, rasgueo característico y punteo prolijo, Jaime Guardia se hizo un nombre propio. No importaba el escenario, si era una presentación en televisión, la cancha Sara Sara, el teatro o Palacio de Gobierno, las melodías y el sentimiento de cada canción era la misma, su calidad artística no dependía del público o las tablas.

En tal sentido, hoy, como primer “Día del charango peruano”, recordemos su legado con el instrumento, fue quien abrió paso para las siguientes generaciones, quien impuso el estilo peruano ante la predominancia de ritmo boliviano. Recordémoslo como el maestro que subía al escenario sin una “playlist” y simplemente cantaba lo que sentía en ese momento, según como leía a su “distinguida concurrencia”. 

 

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