El domingo 01 de febrero unos 3,7 millones de costarricenses debían concurrir a las urnas para elegir a su próximo presidente de la República y a los 57 diputados que integran la Asamblea Legislativa para el periodo constitucional 2026 – 2030. Así, Costa Rica, en medio de un clima marcado por el desgaste de los partidos políticos, la asociación entre política y corrupción de las élites, los altos índices de polarización y el deterioro de la movilidad social, venció este domingo a un fantasma que había marcado su reconocida democracia: el abstencionismo. Decimos ello pues, según los datos oficiales del Tribunal Supremo de Elecciones (TSE), este proceso registró una alta participación ciudadana que ha rondado el 66% del padrón oficial, más alta que en las elecciones pasadas de 2022 en las que no se superó el 60%.
Los resultados
Al respecto, según los datos oficiales emitidos por el TSE, luego de escrutar más del 85% de las mesas, tenemos que la candidata del oficialista partido conservador Pueblo Soberano, Laura Fernández, obtuvo el 48,5% de los votos. Así, Fernández, respaldada por el presidente Rodrigo Chaves, ganó la presidencia sin necesidad de segunda vuelta al superar el umbral del 40% de los votos válidos requerido por la legislación electoral, convirtiéndose en la segunda mujer en alcanzar la victoria presidencial en Costa Rica, luego del triunfo de Laura Chinchilla en 2010. En segundo y tercer lugar quedaron el candidato del Partido Liberación Nacional, Álvaro Ramos (33,3%) y la candidata de la Coalición Agenda Ciudadana (4,8%), respectivamente. Cabe precisar que la abstención electoral fue de apenas el 30%.
Entrevista completa: «Costa Rica 2026: Laura Fernández arrasó en primera vuelta»
La palabra de los candidatos
Una vez conocidos los resultados, antes de que Fernández le hablara a su militancia, el presidente Chaves la saludó en una llamada telefónica que fue televisada. El presidente la felicitó diciendo: “vamos a hacerlo muy bien”. A lo que la ganadora de la jornada electoral respondió: “Daré una lucha sin cuartel. La transición será muy agradable”.
A su turno, la presidenta electa se dirigió al país diciendo: “El pueblo habló, la democracia decidió. Costa Rica ha votado por la continuidad del cambio, un cambio que busca rescatar y perfeccionar las instituciones y devolverlas al pueblo soberano para crear mayor bienestar y prosperidad. Hemos dado ejemplo de cómo en paz las urnas electorales pueden alentar una auténtica revolución política”. Tenemos justo derecho de celebrar la victoria”, enfatizó, luego de criticar duramente a la oposición a la que calificó como caníbal.
Luego, a pesar de la confrontación con la oposición, señaló que su Gobierno será de diálogo y respetuoso del Estado de Derecho. Sobre este punto, la mandataria electa lanzó una reflexión que me parece importante resaltar: “La ley que no sirve se modifica o se deroga. Pero mientras esté vigente, se la respeta y se la cumple, porque la democracia es el respeto a la ley, porque nadie quiere el autoritarismo y yo como presidenta no voy a permitir nunca. Los principios republicamos serán siempre los mismos”, recalcó Fernández.
Los signos de la campaña y la estrategia de Fernández
Ahora bien, quienes hemos seguido el desarrollo de la campaña y los últimos meses de política en Costa Rica podemos constatar que esta campaña estuvo marcada por la preocupación de la ciudadanía en torno a la seguridad y el orden interno. Ambos son los problemas principales paro los costarricenses debido al incremento (sin precedentes) de los homicidios, en su mayoría atribuidos a la guerra desatada entre bandas criminales ligadas al narcotráfico.
Frente a ello, Fernández, lideresa del oficialista Pueblo Soberano, una organización política creada en 2022 considerada de derecha (liberal en lo económico y conservadora en lo social) basó su discurso en la promesa de asumir una lucha frontal contra el crimen organizado con una política de “mano dura”. A partir de ello, por ejemplo, le prometió al electorado reformar el Poder Judicial y las leyes penales para barrer a los delincuentes, decretar estados de excepción (permanentes, si es necesario) en zonas conflictivas, y, al mismo estilo de Nayib Bukele, construir una cárcel de máxima seguridad inspirada en el modelo salvadoreño para sicarios, extorsionadores y criminales de alta peligrosidad.
Por otro lado, en el campo económico (el otro gran tema de la campaña) destacó los logros alcanzados por el presidente Chaves como el crecimiento económico de 5%, la reducción del desempleo al 7%; la inflación negativa y la caída de la pobreza al 15%, según datos oficiales publicados en los portales del Gobierno. Para seguir en ese camino, la presidenta electa señaló que debían seguir impulsando los cambios como la venta de activos estatales (el Banco de Costa Rica, por ejemplo) o la construcción de una mega obra de infraestructura como el tren eléctrico metropolitano.
Entonces, a la luz de estos indicadores, aunado a un discurso de abierta crítica a los partidos tradicionales, a quienes tildó de atrasados y corruptos, Fernández que se presentó explícitamente como la “heredera” de Chaves, un presidente que culmina su periodo con una popularidad casi del 60%, demostró la capacidad de la derecha para capitalizar un malestar social acumulado durante más de una década, según palabras de Alberto Cortés, coordinador de la Cátedra Centroamérica de la Universidad de Costa Rica.
Las fuerzas políticas en el Congreso
Por su parte, durante la campaña, la presidenta electa insistió en la necesidad de que el partido oficialista alcance una mayoría calificada propia en la Asamblea Legislativa para impulsar las reformas estructurales ofrecidas al electorado.
Hoy, con casi el 80% de las mesas escrutadas correspondiente a la votación legislativa tenemos que Pueblo Soberano alcanzaría 30 curules, superando la mitad simple de las diputaciones (29). En segunda posición, aparece el Partido Liberación Nacional que se proyecta con 18 escaños (el menor número de diputaciones en su historia). En tercer lugar, tenemos al Frente Amplio con 7 bancas, número que supera en una al que obtuvo en la legislación 2022 – 2026. Luego, figura la Unidad Social que tendría un miembro y la lista se cerraría con el representante de la Coalición Agenda Ciudadana. Eso quiere decir que Costa Rica tendrá una Asamblea Legislativa integrada por 5 agrupaciones políticas.
Temores y retos
A la luz de los resultados obtenidos, analistas como Maldonado y Trujillo, indican que “esta victoria holgada abre la puerta a un Gobierno sin contrapesos, con capacidad para alinear la Asamblea Legislativa, presionar al Poder Judicial e incluso impulsar reformas estructurales como la reelección presidencial continua, hoy prohibida en el país”. En esa línea, todo dependerá de lo que pase en el Congreso con un partido de gobierno que cuenta con mayoría absoluta pero que necesitará de la oposición para alcanzar las mayorías calificadas que la Constitución exige para las votaciones más importantes.
Dicho ello, la mandataria electa deberá enfrentar dos grandes retos, advierten los analistas. Primero, adoptar acciones concretas relacionadas con los tres pilares de su propuesta fundacional: a) Reforma del Estado; b) Austeridad fiscal; y c) Reducción del empleo público. Medidas que seguramente activarán la movilización social y polarización ideológica (entre impulsores y detractores). Segundo, construir un liderazgo propio ajeno a la sombra de Chaves, por más “heredera” política que se haya considerado de su predecesor durante la campaña electoral. Ello es así porque tanto la experiencia regional como los antecedentes en Costa Rica nos sugieren que “incluso los delfines” buscan identidad personal y autonomía política una vez instalados en el poder. Veremos, en pocos meses, si Fernández confirma o niega esta regla de la política latinoamericana.
Apunte final
Por último, es preciso señalar que la victoria de Laura Fernández en la primera vuelta en Costa Rica constituye una excepción a una de las reglas electorales más estables en América Latina. Esta regla nos dice que desde 2015 en las elecciones presidenciales casi siempre ganó la oposición. Hoy, la estadística latinoamericana nos marca que en 31 de las últimas 41 elecciones presidenciales ganó la oposición (75%) frente a apenas 9 victorias alanzadas por el partido de gobierno (75%).
Por eso es importante la victoria del partido oficialista Pueblo Soberano en Costa Rica, pues en una región cuyos procesos electorales presidenciales son casi siempre ganados por la oposición, la consolidación de una opción confrontacional y antisistema como la de Fernández podría significar el inicio de una transformación profunda de la cultura política en dicho país.
Finalmente, una vez instalado el gobierno de Fernández, el partido oficialista deberá medir hasta qué punto es capaz de aplicar su programa electoral (para ello, alcanzar las mayorías calificadas en la Asamblea Nacional será su gran reto) y cuánto del descontento que lo llevó al triunfo es capaz de resolver en un horizonte de 4 años.




