El domingo 14 de diciembre 15,7 millones de chilenos debían acudir a las urnas para elegir a quien será el presidente de la República para el periodo constitucional 2026 – 2030. La disputa fue entre los candidatos Jeannette Jara, candidata oficialista que ganó la primera vuelta y José Antonio Kast, candidato opositor del Partido Republicano representante de la extrema derecha chilena. Cabe precisar que, según Pamela Figueroa, presidenta del Consejo Directivo del Servicio Electoral (SERVEL), se trata de una elección que ha contado con la segunda más alta participación de la historia de Chile (85,06%). Eso debido a que ha sido el primer balotaje realizado con voto obligatorio.
Los resultados
Al respecto, según los resultados preliminares difundidos por el SERVEL, luego de escrutar el 99,97% de mesas, podemos afirmar que el próximo presidente de Chile será Kast que obtuvo el 58,16% de las preferencias frente al 41,84% alcanzado por Jara. El triunfo del líder del Partido Republicano supone la llegada a La Moneda del primer político que nunca rompió lazos con la dictadura de Augusto Pinochet (1973 – 1990). Esta victoria no solo consolida el giro conservador de Chile, sino también de gran parte de América del Sur que en los últimos procesos ha votado mayoritariamente por la derecha.
La palabra de los protagonistas
Una vez conocidos los resultados que marcaban el triunfo categórico de la extrema derecha, el presidente Gabriel Boric llamó por teléfono a Kast y sostuvo una conversación que duró cinco minutos y fue transmitida en vivo por los medios de comunicación en la que dijo que para él no se trataba de un mero acto protocolar: “Le presento mis felicitaciones, porque ha obtenido un triunfo claro. Yo estoy muy orgulloso de la democracia, independiente de quienes celebren, de quienes estén tristes con el resultado de hoy; Chile de alguna manera se consolida de una forma que a todos nos enorgullece”. Este gesto tiene un fuerte poder simbólico porque el presidente en ejercicio termina reconociendo el viraje de la izquierda a la derecha más dura desde la caída de la dictadura pinochetista en 1990.
Por su parte, Jara, cuando ya la ventaja de Kast era irremontable, comentó en sus redes sociales que ya se había comunicado con el líder republicano “para desearle éxito por el bien de Chile” y reconociendo que “la democracia habló fuerte y claro”. Al mismo tiempo, indicó que, por el bien de Chile, debían dejar atrás las asperezas, la desinformación y la odiosidad que existió en este proceso electoral. Y publicó un mensaje abierto que decía lo siguiente: “presidente electo Kast: en todo lo que sea bueno para Chile encontrará mi apoyo; pero en todo lo que pueda hacernos retroceder, encontrará una oposición firme, democrática y responsable. Además, subrayó que serán “una oposición propositiva y responsable cuyo quehacer se canalizará siempre por las vías institucionales, condenando cualquier tipo de violencia, venga de donde venga”.
Luego de ambos saludos, Kast agradeció el llamado del presidente Boric y lo invitó a “una transición muy ordenada” y le pidió “contar con sus opiniones” a partir del 11 de marzo de 2026. De igual modo, de manera respetuosa se dirigió a su rival Jara a quien le reconoció su coraje diciendo que había gente buena y mala tanto en la derecha como en la izquierda y que lo importante era que Chile no avance dividido. Al mismo tiempo, reiteró que desde el primer día de gestión llevará un “Gobierno de Emergencia”, para resolver -lo más antes posible- las tres grandes crisis por las que atraviesa Chile: bajo crecimiento económico, migración irregular y delincuencia.
¿Cómo explicar los 16 puntos de diferencia?
Más allá de lo expuesto, lo cierto es que, en su tercer intento, Kast que logró el respaldo de todo el espectro derechista alcanzó la presidencia con una amplia ventaja de 16 puntos sobre Jara. Kast ganó en todas las regiones y se convirtió en el presidente electo más votado en la historia de Chile, obteniendo una votación superior a los 7,2 millones de votos. Este último dato se explica -como ya lo hemos indicado- por ser esta la primera elección presidencial con voto obligatorio y por la ampliación del padrón electoral.
Moderar el discurso
Dicho ello, vale repasar cuáles son los factores que explican el triunfo de Kast en el balotaje. En primer lugar, aparece el afán por moderar su discurso en esta elección presidencial. Como se recuerda, en 2021, cuando Kast perdió la segunda vuelta con Boric, sus posturas eran absolutamente maximalistas en el campo de los derechos civiles: desconocía los derechos de la comunidad LGBTI, se oponía a las tres causales que permitían el aborto e, incluso, negaba las violaciones sistemáticas de derechos humanos cometidas por la dictadura pinochetista. En esta oportunidad Kast dejó por completo de lado ese discurso y concentró su mensaje en prometer mano dura para luchar contra la delincuencia y la migración irregular (y repitió ese mensaje hasta el cansancio).
Entrevista completa «Análisis Elecciones Chile 2025: Jara VS Kast»
Orden y seguridad
Un segundo factor fue que Kast supo capitalizar el miedo que hoy experimenta la sociedad chilena. Según diversos estudios de opinión hoy los chilenos tienen mucho miedo a la migración descontrolada, a la delincuencia y a la inseguridad que produce el estancamiento económico. Así, por ejemplo, Kast no se cansó de repetir que en Chile hay 300 mil migrantes que han ingresado de manera irregular y a quienes expulsará si ellos no abandonan el territorio de manera voluntaria. Del mismo modo, Kast ha despertado altas expectativas en asuntos que van más allá de la seguridad pero que están vinculados con la calidad de vida de la gente como la reducción del desempleo, la ampliación de la cobertura de salud o la inversión en educación.
Desgaste político y pasado comunista
Un tercer factor está relacionado con el voto castigo que el elector suele presentar en las elecciones en América Latina. En otras palabras, Kast supo sacar provecho al desgaste sufrido por el partido de gobierno para hacerle saber a la gente que votar por Jara era elegir “más de lo mismo”. Además, Kast responsabilizó a Jara de haber sido parte de un gobierno cuyos indicadores sociales son negativos y reavivó los miedos que el pasado comunista de Jara generó siempre en un importante sector de la sociedad chilena.
Respaldo unánime de la derecha
Por último, si bien se suele decir que el endose de votos no es automático en América Latina lo cierto es que el triunfo de Kast se da gracias al apoyo decidido de otros líderes de la derecha que participaron en la primera vuelta como el libertario Johannes Kaiser y la abanderada de la derecha tradicional, Evelyn Matthei, quien se ha convertido en el rostro más representativo del sector que antes respaldó al ex presidente Sebastián Piñera. Lo mismo ocurrió con buena parte de los votos de Parisi. Por ello, no sorprende que en su primer mensaje Kast haya dicho lo siguiente: «Muchas gracias a los que se sumaron en segunda vuelta, gracias a quienes votaron por otras candidaturas y hoy libremente eligieron apoyar este camino de cambio, ya que entre todos logramos una mayoría histórica».
¿Qué le espera a la izquierda?
Ahora bien, el resultado de estos comicios abre un espacio para que la izquierda chilena inicie un proceso de profunda reflexión sobre una derrota que ha sido la peor de su historia desde la caída del pinochetismo. Ni siquiera en 2017, Alejandro Guiller, uno de los candidatos con menor brillo que ha tenido la izquierda, perdió de manera tan catastrófica frente a la derecha.
Para que tengamos una idea de lo que fue esta elección para la izquierda basta señalar que Kast ganó en las 16 regiones del país, incluyendo bastiones históricos del progresismo como Valparaíso y la Región Metropolitana -donde se ubica la capital-, además de arrasar en las zonas agrícolas del sur y en las zonas mineras del norte. Sin lugar a dudas, se vienen años de cambio en la izquierda en los que el progresismo chileno deberá poner las barbas en remojo si quiere volver a La Moneda en 2030.
Apunte final
Finalmente, con la victoria de Kast en el balotaje Chile ha confirmado una de las reglas electorales más estables en América Latina. Esta regla nos dice que desde 2015 en las elecciones presidenciales casi siempre ganó la oposición. Hoy, la estadística latinoamericana nos marca que en 31 de las últimas 40 elecciones presidenciales ganó la oposición (80%) frente a apenas 9 ganadas por el partido de gobierno (20%).
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