El rey Carlos III, gobernador supremo de la Iglesia, aprobó su designación que será ratificada por el Colegio de Cánones en 2026.
Sarah Mullally dirigiría por primera vez en la historia de Inglaterra la Iglesia anglicana. Actualmente se encuentra integrada por más de 95 millones de creyentes en 165 países. En enero del 2026, asumirá el cargo de manera oficial en la Catedral de Canterbury.
El Gobierno británico confirmó el nombramiento tras un proceso liderado por la Comisión de Nominaciones de la Corona, que incluyó consultas públicas. La designación fue aprobada por el rey Carlos III, gobernador supremo de la Iglesia. La desición será ratificada por el Colegio de Cánones la ratificará en 2026.
“Se trata de una enorme responsabilidad pero la asumo con una sensación de paz y confianza en Dios que me guiará como siempre lo ha hecho”, manifestó Sarah para medios locales.
El servicio de Mullally
Antes de ordenarse como sacerdotisa en 2002, Mullally dirigió la enfermería pública en Inglaterra y llegó a convertirse en obispa de Londres en 2018, uno de los cargos más influyentes de la Iglesia anglicana. Su ascenso comenzó en 1994 cuando el anglicanismo comenzó a ordenar mujeres sacerdotes. Sin embargo, es en 2015 cuando se les permite llegar al episcopado.
Su llegada al arzobispado se produce tras la renuncia de Justin Welby como Ex Arzobispo de Canterbury, quien renunció al cargo en noviembre de 2024. Su periodo estuvo marcado por acusaciones de encubrimiento de abusos cometidos por John Smyth, fue ministro libertario religioso y no conformista inglés, conocido como «el se-bautista» (autobautizador). Un informe independiente concluyó que Welby no actuó con la urgencia ni el compromiso necesarios cuando conoció los casos en 2013.
Renuncia histórica de Welby
Welby se convirtió en el primer arzobispo en más de mil años en dimitir por un escándalo de encubrimiento de casos de abuso sexual. Una vez abandonó el cargo, admitió que la situación lo sobrepasó y llegó a reconocer el «error» que había cometido. Sin embargo, la revisión del caso determinó que Smyth abusó de más de 100 niños y jóvenes durante décadas, y que la Iglesia, a cargo de Wellny, no actúo con el ímpetu que el caso exigía.
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